El sol anuncia el comienzo de un nuevo día en Isla Tuerta.

Hemos desayunado raudos cual centella... Y a continuación nos hemos aseado y preparado las mochilas para bajar a La Chopera, ya que pasaríamos toda la mañana jugando allí.

¿Cómo es posible que un árbol pueda albergar tanto conocimiento? 
Esa es la pregunta que nos hemos hecho muchos de nosotros mientras hacíamos la actividad de la mañana. Hemos aprendido muchísimas cosas relacionadas con los árboles: tipos, desarrollo, papel en el medio natural, utilidad para los humanos, estudio de sus anillos...
Con cada prueba, una nueva lección. Y que mejor manera de culminar la mañana que con un refrescante baño en el Tera.









































Después de comer, hemos tenido un poco de tiempo libre... y de vuelta al Río.
Aunque la visita ha sido express, ya que la merienda ha sido de vuelta en la Residencia.
Pero esta vez no íbamos a cenar en la allí... Nos hemos puesto nuestras mejores galas piratas y hemos subido a Puebla, disfrutando del precioso atardecer que se ve desde la muralla. Y la cena ha sido a los pies del Castillo, entre bocadillos y risas.














































 Cuando la noche había caído, entramos al Castillo. Allí, el Hermano de la Costa nos recibió y guio por las diferentes estancias donde, con asombro, fuimos testigos de una de las actuaciones más espectaculares de todo el turno.










































Aún con la emoción en el cuerpo, regresamos a la residencia, desfilando por las calles de Puebla y cruzando el puente a media noche. 
Cuando llegamos era tarde... así que el sueño no tardó en hacer de las suyas con los pequeños grumetes.
¡Nos despedimos por hoy, familias!